Orden fransciscana menor 
(Santa Anita)

paz y bien

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La Orden de los Hermanos Menores, fundada por San Francisco de Asís, es una Fraternidad. Los Hermanos, llevando a una mayor plenitud la consagración bautismal y respondiendo a la llamada divina, se entregan totalmente a Dios sumamente amado, mediante la profesión de obediencia, pobreza y castidad, que han de vivir según el espíritu de san Francisco. Los Hermanos Menores, incorporados en el pueblo de Dios, atendiendo a los nuevos signos de los tiempos y respondiendo a las condiciones de un mundo en evolución, tengan siempre un mismo sentir con la Iglesia, hagan suyos sus proyectos e iniciativas y secúndenlos en la medida de sus posibilidades

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Hace más de 800 años en la ciudad de Asís, un joven llamado Francisco, escuchó un comentario al Evangelio sobre cómo los discípulos de Jesús fueron enviados “sin plata ni oro”. Este pasaje del Evangelio de san Mateo hizo tal impresión en Francisco que decidió dedicar su vida totalmente a vivir pobremente, como los apóstoles. Se vistió con ropas ásperas, caminó descalzo y “sin mochila para el viaje, y sin bordón” y comenzó a predicar el arrepentimiento. También escuchó el mensaje de renovación del hermoso crucifijo de la iglesia abandonada de San Damián: ”Francisco: ve y repara mi Iglesia”.

Rápidamente otros compañeros se unieron a Francisco, además de la joven Clara. Todos ellos se dedicaron al cuidado de los leprosos que eran forzados a vivir fuera de la ciudad de Asís, y reparaban iglesias en ruinas. Su vida era extremadamente austera, vivían con gozo en un profundo espíritu de servicio a los pobres y a los que viven en periferias, y con confianza en el cuidado providencial de Dios.

Presencia Franciscana en Santa Anita

Introducción
POR: Fray Raúl Robledo OFM 
Archivo Historico Provincia de los Santos Francisco y Santiago

La presencia de la Orden Franciscana en México es de las más representativas, pues esta es parte fundamental para la evangelización de los nativos de la Nueva España, desde la llegada en 1523 de los primeros tres frailes procedentes de Flandes, hasta los actuales frailes franciscanos se han encontrado en cara con las comunidades indígenas, parte de su espíritu y trabajo arduo.
Esta evangelización se logró gracias a las facultades que los frailes contaban, pues desde 1521 (Bula Omnímoda por Adriano VI) en donde se tenía la facultad para la sódenes mendicantes de administrar todos los sacramentos, la potestad para absolver y dispensar a los recién convertidos de cualquier delito e inhabilidad y la facultad de realizar varias de las actividades propias de un obispo, siempre que no hubiera alguno cercano. A excepción de aquellas que eran facultad de los obispos, por ejemplo las ordenaciones presbiterales.
A lo largo de la historia, la comunidad ha producido documentación administrativa, leyes particulares y sentencias, los cuales han sido registrados en documentos legítimos, y que se continúan generando.


Esta Orden se estableció en la Nueva España desde los primeros años de la colonia, comenzando con México, expandiéndose hacia Michoacán y Nueva Galicia en el noroeste y hasta Yucatán y Guatemala en el sureste, fundando conversiones vivas (misiones) de pueblos bien establecidos, doctrinas y conventos, cada uno de ellos con sus particularidades, tanto por las zonas geográficas que sin importar lo inhóspito del terreno, los frailes tenían presencia importante.
A lo largo de la época colonia, los frailes franciscano continuaron con su labor evangelizadora, pues no solo crearon provincias, sino que también se fundaron Colegios Apostólicos para la propagación de la fe, de los cuales existieron varios a lo largo del territorio Novohispano, aun con discrepancias con los gobiernos eclesiásticos y civiles, pues el paso de diferentes fenómenos como la secularización de los curatos y doctrinas, les afecto considerablemente, ya que para el siglo XVIII este proceso se acelera, creando problemas y “despojando” a los frailes de sus curatos, doctrinas y algunas misiones , sin embargo, algunas misiones no fueron entregadas hasta entrando el siglo XIX.


Conquista de la Nueva Galicia y el papel de los franciscanos durante el proceso

La conquista del Reino de la Nueva Galicia en manos de Nuño Beltrán de Guzmán se dio principalmente por la guerra pero también con la ayuda de misioneros francisanos. En este proceso se encuentran inmersos diversos factores que provocarán en décadas posteriores un cambio en las costumbres de los indígenas de las zonas conquistadas que posteriormente pertenecerán como súbditos a la Corona de Castilla.

Las huestes de Nuño Beltrán de Guzmán salen de México en 1529 rumbo a una zona todavía desconocida, pues aunque varios soldados de Hernán Cortés hubiesen tocado el occidente de México, no es hasta que Guzmán tiene sus primeras incursiones en Michoacán en 1530 cuando de verdad se habla del inicio de la conquista en esta zona. Este grupo buscaba grandes riquezas como las encontradas por Cortés en el centro de México, sin embargo, al no ser encontradas en cantidades mayores se comienza a llegar un punto de desesperación por lo cual la actitud despiadada de Guzmán provoca que este sea retirado de su cargo a cumplir un juicio de residencia en España, dejando a cargo a Juan de Oñate en lo que quedaría de la zona por Conquistar. Cabe destacar que esta primera incursión, no venían misioneros, solamente tres clérigos.

En 1530, con la caída de Tonalá a manos de Guzmán, la Nueva Galicia recibió la visita del primer franciscano en el reino, se cree que fue fray Antonio de Segovia, por la descripción que de él hicieron los indígenas en Tlajomulco.

A la llegada de los primeros evangelizadores, el Occidente de México se encontraba poblado por grupos indígenas importantes, como los señoríos de Colima, Tonalá, Xalisco y Aztatlán. Estos grupos indígenas contaban con diversas concepciones del mundo y de su propia religiosidad, el gran problema fue el lenguaje pues no existían conceptos como Encarnación, Trinidad, Transubstanciación, Unión Hipostática, latría, hiperdulía, etc. en las lenguas indígenas. Es por ello que los frailes franciscanos se hicieron de diversas herramientas para lograr la evangelización, como lo fue la música (danzas) y el teatro.

La Custodia de San Pedro y San Pablo fue erigida provincia por decreto del Capítulo General de Valladolid en 1565. San Francisco de Guadalajara, en el mes de julio del mismo año, fue celebrado el primer Capítulo al nombrar provincial a fray Ángel de Valencia. Desde ese momento, el gobierno de la orden franciscana en la región se hizo más formal, aunque alternando entre Valladolid y la capital neogallega.

Fue en 1606 cuando por decreto capitular General en la orden de Toledo, la Provincia de San Pedro y San Pablo fue dividida al quedar Michoacán con el mismo título, y la de Jalisco con el de Santiago. Así, el gobierno franciscano de la Curia fue autónomo en Nueva Galicia, al establecer el 17 de febrero de 1607 como fecha oficial de su fundación, con el nombre de Seráfica Provincia del Apóstol Santiago de Jalisco.

Cabe resaltar que los frailes franciscanos de la Provincia de Michoacán fueron los encargados en primera instancia de evangelizar el Reino de la Nueva Galicia, siendo entre 1531 y 1540, la fundación de diversos conventos, como el de Ajijic. Tetlán, Zapotlán, Poncitlán, Tuxpan, El Teúl y Xalisco.

“La evangelización a cargo de los franciscanos en gran parte de lo que sería el territorio de la Nueva Galicia, quienes difundieron el uso del náhuatl como lengua franca en la instrucción religiosa basándose en vocabularios y sermonarios de uso común en otras regiones de la Nueva España”



Fundación del convento franciscano de Tlajomulco

Según las crónicas, fray Antonio de Segovia se dirigió posiblemente a Tlajomulco para establecerse ahí –el lugar era importante en la región y llegó a tener adoratorios prehispánicos–, pero al notar cierto aislamiento del sitio, al encontrarse rodeado por cerros, decidió trasladarse a Tonalá en 1530, donde construyó con adobe y pequeñas dimensiones la primera edificación católica de la región, según señalamientos de fray Mariano Torres.

Para el año siguiente, los recién llegados frailes, con la idea de organizar y facilitar la evangelización, deciden promover la construcción del primer convento novogalaico en Tetlán, pueblo agregado a Tonalá. El edificio tenía lo indispensable, unos cuantos cuartitos de adobe. Sin embargo, sería el lugar de encuentro de los misioneros y punto de irradiación evangélica en la zona. Del paupérrimo convento de Tetlán salían de misiones Segovia y Fray Juan de Badillo a los lugares de mayor población y cercanía, aunque la atención se extendió por toda la región como lo señaló Tello.

Los franciscanos continuaron diseminando el Evangelio en las cuatro direcciones, la del Sur fue de las más beneficiadas con Tlajomulco, sus habitantes sumaban más de tres mil indígenas cocas de origen tonalteca, sus principales eran cuatro antiguos militares que se enfrentaron a los tarascos en territorios de Tonalá, y en premio a su desempeño recibieron tierras tlajomulcas.

Las fundaciones franciscanas siguieron en aumento, para 1547 se fundó el convento de Amacueca, el año siguiente el de Chapala y en 1550 el de Zacoalco. Un año después de que el cacique de Tlajomulco, don Miguel de Estevanica, hizo peticiones para el establecimiento de religiosos en su jurisdicción, fue finalmente escuchado: bautizaron a su hijo y fue apadrinado por el obispo Pedro de Maraver.

Fray Antonio de Segovia fue designado como guardián del recién fundado convento de Tlajomulco, ya en 1530 se habría predicado contra la idolatría de los pobladores, mismos que después de 21 años le recibieron con regocijo. Segovia construyó un nuevo convento, una iglesia, el campanario y algunos cuartos para residencia suya y de los demás frailes que visita- ban regularmente los pueblos que antes polarizaba el de San Francisco de Guadalajara, sitios que eran atendidos espiritualmente sin que se residiera en ellos definitivamente, sólo para pernoctar y con la condición de regresar lo más pronto posible al convento para organizar la atención de los otros pueblos. Las poblaciones o visitas atendidas por los frailes de Tlajomulco fueron: Cajititlán, Cuyutlán, Cuexcomatitlán, San Sebastián Zapotepec (El Grande), Santa Ana Atlixtac y San Agustín.

Desde 1552 con el Padre Segovia hasta 1624, se tiene noticia de la construcción del convento, en donde cada guardián colocaba, arreglaba y ampliaba diversas zonas del convento y aunque este convento no es nuestro punto central de esta presentación, es necesario mencionarlo por la importancia dentro de la Provincia de Xalisco y como el antecedente del convento de Santa Anita.

 


Fundación del convento de Santa Anita

Hogar de nuestros frailes franciscanos

Santa Anita fue fundado en 1542 por pobladores de Xuchipila, esto lo menciona Fr. Francisco Frejes, y anterior al convento de Tlajomulco, este poblado dependía del convento de Tetlán, posteriormente al de San Francisco de Guadalajara y por último el de Tlajomulco, esto antes de la fundación de este convento.

En 1544 se funda el hospital de Indios y es en este edificio que se encuentra la capilla que fungiría como la principal del poblado, pues es necesario recalcar que Santa Anita solamente era una visita de los frailes franciscanos además que la población mayoritaria era indígena.

Los frailes, apoyados económicamente por Manuel Carlos Herrera —dueño de una cerería de la capital neogallega—, iniciaron el 6 de octubre de 1732 un imponente santuario mariano en el sitio que utilizó el templo patronal de la Señora Santa Ana. Sin embargo, para la construcción de los edificios, sin importar a que orden pertenecieran, el obispado tendría que encontrarse de acuerdo para su construcción, por lo tanto no es hasta 1737 que el obispado accede a dar licencia para la recolección de limosnas, las cuales servirían para la conclusión de lo que posteriormente sería el convento franciscano de Santa Anita.

Oficialmente el convento se encuentra fundado en 1760, de esto nos habla Fr. Luis del Refugio del Palacio, pues nos hace referencia de todo el proceso para la edificación de este convento. Este fraile se basa en los libros de carta-cuenta del convento de Santa Anita, en donde se registra toda la información con respecto a los gastos que lleva el convento y con ello se puede trabajar el avance que tenía el convento con la fábrica material.

Así, la construcción del convento se incia en 1760 como ya se había mencionado y es hasta 1777 que se tiene noticia de la construcción de este convento, pues en fechas posteriores “se comienza a embellecer el santuario y lo que necesita el convento son ampliaciones y reparaciones”.

Para 1790 la jurisdicción de Tlajomulco contaba con tres religiosos; uno en el convento de Tlajomulco, otro en Cajititlán y el último en Santa Anita y para 1792 se contaba solamente en Santa Anita con 6 frailes y un donado. Esto demuestra la importancia que iba ganando el poblado y por lo tanto era necesario mantener a frailes fijos para estos conventos.

Si bien es cierto que Santa Anita existía como un poblado de indios de cierta importancia, no fue hasta el siglo XVII con la devoción de la virgen de Santa Anita, que realmente se tomo como un elemento importante para que fuese lugar de residencia de los frailes franciscanos de la Provincia de Xalisco.

En 1784 por real cédula se acepta la fundación de Santa Anita como casa noviciado con el cual “se pretendía lo mismo aumentar el número de frailes criollos, que evitar una ososa e insegura dependencia de la llegada de las misiones de religiosos de la Península”.

Desde su fundación en 1760 hasta 1798 el convento de Santa Anita gozo de tranquilidad en general, pues el poblado se encontraba libre de guerras y se había sobrevivido a diferentes pestes y la construcción del convento se habría concluido, y es en este momento de relativa calma que se da el proceso de secularización de la Parroquia de Tlajomulco y con esto el de toda su jurisdicción.



El proceso de secularización en Santa Anita


Durante el período colonial existieron diversos movimiento de secularización; desde 1640 con el obispo de Puebla Juan de Palafox y Mendoza replicado por los obispos de Michoacán y Yucatán provocarán un desgastamiento en las relaciones de los cleros, así el proceso de secularización del siglo XVIII que es el que nos interesa para el caso de Santa Anita, tiene su antecedente del siglo XVII y sus afectaciones en la vida religiosa y social de la población.


“La década de 1740 representó para la provincia franciscana de Santiago de Xalisco el momento de mayor expansión en toda su historia. Desde el siglo XVI los religiosos habían fundado sus doctrinas en la zona sur y occidente de lo que años después sería la diócesis de Guadalajara. Para julio de 1740 la provincia comprendía 15 guardianías, 18 vicarias, y nueve asistencias de parroquia en esta diócesis, así como dos guardianías y una vicaría en la de Michoacán. Además contaba con 10 misiones en Coahuila y Nayarit, todas ellas dentro de la jurisdicción del obispo de Guadalajara. Para administrar esos destinos la provincia contaba entonces con 211 religiosos.”


En 1753 Fernando VI fimaba la cédula que autorizaba a los obispos de las diócesis de la Nueva España a secularizar las doctrinas administradas por los regulares, “para la ejecución del proyecto reformista los obispos habían de tomar un papel de primer orden. Por encargo expreso de la real cédula de ese año, debían de juzgar en que sitios convenía realizar el reemplazo de sacerdotes”, esta secularización de las doctrinas se podía realizar por dos vías:


1) La vacante efectiva que resulta por la muerte del doctrinero titular.


2) La remoción del fraile de la doctrina que tenía encomendada y la instalación de un clérigo diocesano, esto se hacía cuando el prelado
diocesano había observado alguna carencia en el religioso encargado de la doctrina.


El proceso de secularización se dio en tres etapas, la primera de 1754-1775, la segunda en un periodo de 1796 y la tercera y la última en la década de 1860.
En 1798 se da a conocer la nueva cédula, resultando el desponjo de 10 las 12 doctrinas que aún se conservaban en el obispado de Guadalajara, estando en este proceso la de Tlajomulco. Esta secularización fue un proyecto local gestado por el cabildo de la catedral de Guadalajara.
“En general el proceso de entrega de doctrinas se había llevado a cabo sin mayores complicaciones. Sin embargo, la nota excepcional la darían los guardianes de los conventos de Tlajomulco y Amacueca. En el primer caso, el motivo de la discusión entre los comisionados para la secularización y los frailes sería el intento de desalojar a estos últimos del santuario de Santa Anita, en principio el juez eclesiástio y el nuevo cura se habían dirigido a este lugar para solicitar les fuera entregado por suponerlo ayuda de parroquia de Tlajomulco. A ello respondió el guardián de este último sitio, Fray José María Saizar, que en realidad la ayuda de de la que se hablaba era la iglesia del hospital anexo al convento a su cargo como los delegados de la mitra insisieron en su alegato, el fraile hubo de mostrarles la real cédula de 1784 donde se aprobaba la erección de un convento sin doctrina en Santa Anita. Convencidos que fueron los encargados de la secularización marcharon a Tlajomulco y procedieron a tomar posesión del curato sin mayor obstáculo.”


Es por esto que en el inventario levantado en este proceso solo se menciona de Santa Anita “Hospital. Iglesia de tres naves techado de viga capón de 30 varas de ancho 7 de alto de 9. Torre con dos campanas quebradas, esta iglesia esta muy arruinada tiene la vista para el oriente un altar de retablo dorado con algunos santos de bulto y de lienzo, una ara consagrada un prontal el altar mayor habilitado de todo: hay un calís habilitado, un capón, un incensario sin naveta por que se la robaron, un misal, una cusulla blanca habilitada una encarnada habilitada y una negra habilitada algo maltratados, una capa blanca muy maltratada: la sacristía está también maltratada las puertas lo mismo casa cural caída no ha quedado cosa buena”.


“Consumando este capítulo de la historia franciscana, la provincia de Xalisco, quedaba reducida a las misiones de Nayarit y Sonora, y a tan sólo siete conventos: Guadalajara, Sayula, Tepic, Santa Anita, Saltillo, Cocula y Etzatlán. De este conjunto de casas solamente Cocula y Etzatlán conservaban la doctrina anexa a su convento”


Santa Anita y los franciscanos durante el siglo XIX y XX

“El siglo XIX llegaba en medio de diversas tensiones que impugnaban la vigencia de las estructuras de gobierno de la monarquía y proponía una serie de cambios en el ejercicio de la representación y participación política. Los debates suscitados en torno a la invasión francesa a la península española, así como las problemáticas planteadas por la insurgencia americana, habían sido los detonantes para que en los antiguos dominios españoles se hiciera una revisión de la forma en que funcionaban el andamiaje económico-administrativo colonial, tanto como de los sujetos que de él tomaban parte”.

En Santa Anita los procesos políticos se pueden identificar gracias a la documentación que las parroquias emitieron, ya que se informaba de los sucesos de importancia, además de encontrar lagunas importantes por estos mismos sucesos, ya que se llegaban a tomar las cabeceras de los curatos y los delegados políticos se movían dentro de sus jurisdicciones provocando caos interminables, proceso por lo cual se caracteriza el siglo XIX.

Así en 1824 se toma la cabecera por parte del Ayuntamiento de Tlajomulco, además de agregar las epidemias que paso la feligresía de la jurisdicción contando la de Santas Anita, como la epidemia de viruela de 1831o la de cólera de 1850-1855.

Para 1864 en el convento de Santa Anita las tropas francesas “tomaron la capilla y el santuario”, por este hecho la vicaría de Santa Anita tiene que ser trasladada a San Sebastián.

Estos son ejemplos notables de los problemas naciones y que se reflejan en todas las poblaciones por mas alejadas que se encuentren de las capitales, su importancia radica en la que la presencia de los franciscanos continuo en el poblado pero no por ello se quiere decir que el nuevo siglo fuese a llegar sin problemas, pues la orden durante 1860 se encontró con un proceso de exclaustración que provocó la salida de los frailes de Santa Anita dejando en la administración de los sacramentos al clero diocesano.

Para finales del siglo XIX la orden franciscana en México se encontraba desarticulada, la Provincia de Santiago de Xalisco solo contaba con 13 frailes y para 1904 la provincia no contaba con noviciado. Estos factores provocaron que la curia general emitiera el decreto de la supresión de los Colegios Apostólicos y modificara las estructuras de las Provincias, manteniéndose solamente tres; la de Santo Evangelio, La de Michoacán y la de Santiago de Jalisco acogería a la de Zacatecas, conformándose así la provincia de los Santos Francisco y Santiago de Jalisco.

Para 1908 la Provincia de Jalisco contaba con cuatro casas de importancia; Guadalajara, Etzatlán, Sayula y Santa Anita.

Esta última “por el año de 1885 el convento, el potrero y la huerta eran propiedad particular. La Iglesia con sus cinco bóvedas y sus dos cruceros fueron quemados en 1861, pero el P. Fr. Luis del Refugio Barbosa, fraile zapopano ya secularizado y cura del Sagrario, la había reparado y abierto al Culto. Posteriormente la embelleció el P. Fr. Ignacio de Jesús Cabrera, le puso atrio y le hizo grandes mejoras; colocó el órgano y surtió de candeleros y utensilios a la sacristía e iglesia. En 1908 los frailes hacían uno de todo el terreno, aunque pagaban renta y el convento estaba prácticamente destruido”.

Durante 1910 a 1929, los frailes franciscanos no se encontraron ajenos a los sucesos políticos del país, pues la revolución mexicana y posteriormente el mandato de Calles, provocarían grandes problemas para el establecimiento de la provincia, ya que al no poder vivir en comunidad como se tenía en las constituciones provoco el descuido de las casas, pero en el caso del Convento de Santa Anita los franciscanos continuaron su administración, en 1922 a 1934 se tiene noticia de la administración que ejercían de la casa.

No es hasta la década de los 40´s que la provincia comienza a tener relativa calma, como por ejemplo el establecimiento definitivo del colegio seráfico (que había pasado por diversas casas como Aguascalientes, San Luis Potosí, Zapopan y en Estados Unidos en Henbbronville y Sarita Texas).

En 1943 se tiene el permiso para fundar el colegio Seráfico en San Agustín, además de que esta misma se convirtió en vicaría de Santa Anita. En esta casa el P. Casillas “estableció en esta casa el año de estudios previo al colegio seráfico. En aquellos años se recompuso una parte de los altos del lado poniente del patio ya que casi todo el resto de la casa estaba en ruinas, destechado; más el lado oriente, que fue noviciado de la antigua provincia de Jalisco. Cuando el P. Fr. Fernando Cisneros fungió como superior de la casa, se renovó casi todo el templo excepto los altares, que posteriormente se fabricarían de cantera. El P. Cueto dispuso renovar la casa para establecer en ella los estudiantes. Se renovó sobre todo la parte oriente, se fabricaron dos hileras de celdas pequeñas y en medio de deambulatorio aunque el coristado no duró mucho tiempo ahí”.

El convento de Santa Anita desde el 19 de noviembre de 1902 hasta el 30 de septiembre de 1952 contaría con diversos arreglos, entre ellos como se menciono anteriormente, el coro y el atrio y el cambio del órgano.

Desde 1952 a 1964 se tienen informes de la vicaría de Santa Anita, la cual administraba a San Agustín y San Sebastián. En 1944 se creó como parroquia y fue dada a perpetuidad por el cardenal José Garibi Rivera a los franciscanos, siendo provincial Fr. Felipe de Jesús Cueto.

Los documentos históricos del convento de Santa Anita en el Archivo Histórico Franciscano de Zapopan

El Archivo Histórico Franciscano de Zapopan en su sede en la Basílica de Zapopan resguarda documentación referente al antiguo convento de Santa Anita, siendo estos los siguientes:

● Libro de Patentes de 1761-1781

● Libro de misas de 1793-1820

● Inventario de la librería. 1817

● Libro de patentes de 1825-1847

● Libro de patentes 1847-1860

● Libro de carta-cuenta de 1760-1818

● Libro de recibo y gastos de 1778

● Libro de recibo y gasto de 1790-1850

● Libro de recibo y gasto de 1808-1935

● Libro de cuentas de 1819-1855


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